Cómo divertirse en Acapulco

Toda la semana pasada la pasé en el puerto de Acapulco, un lugar plagado por las noticias cuyas nota extraen como una ultra aspiradora todos los actos barbáricos que ahí se producen.

Muchas veces, a modo de vender y capturar la atención de miles de lectores, los periodistas en todos los lugares del mundo pueden llegar a exagerar lo que escriben, algo que muchas veces les produce muy buenos resultados cuando están secos de información, ya que un artículo necesita, como todo, substancia para existir, lo que significa que sin substancia (información) no hay artículos y sin artículos no hay periódico; y sin periódico no hay ganancia; ergo, siempre debe de haber substancia.

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Si bien muchos implementan la herramienta de la exageración de vez en cuando, me cuesta decir que en el caso de Acapulco no lo es así, ya que todo lo que se dice en los periódicos sobre la violencia en aquel puerto es completamente cierto.

Esto no es un fenómeno nuevo, sino un proceso que lleva en la cocina por unos siete años, el tiempo que ha tomado para despojar a Acapulco de todos sus laureles de gloria obtenidos en una línea de tiempo de 50 años.

El gran descenso de Acapulco ha sido resultado de las manos negras del crimen organizado, quien opera en el bello puerto de una manera desenfrenada, ya que nada ni nadie puede ya interrumpir las actividades criminales barbáricas que están esculpiendo al nuevo Acapulco.

Yo, como todos, ya sabía de antemano que la violencia ahí está muy fuerte; sin embargo, la playa y el mar del bello puerto sobrepasan todo tipo de obstáculo con su esencia y su belleza, por lo que repentinamente mi familia y yo tomamos unos de los vuelos VivaAerobus con excelente precio, para ir a vacacionar por al menos una semana.

Debo informarles, queridos amigos, que sin exagerar escuchábamos, desde el departamento al menos un convoy de ambulancias y policías cada cinco minutos durante el día, ya que durante la noche era imposible e inútil tratar de contar cuántas de éstas pasaban.

A su vez, debo también mencionarles el hecho de que mi familia y yo no salimos ni un solo día del departamento, ya que es demasiado riesgo para todos, un riesgo que confirmábamos cada cinco minutos con el paso de las ambulancias y policías armados hasta los dientes.

Algo que llamó mucho mi atención es que por primera vez en los muchos años que llevo yendo a Acapulco, vi a dos barcos de guerra hacer patrullajes diarios por toda la costa del bello puerto, lo que nos dice qué tan grave está el asunto del crimen organizado en ese lugar.

No obstante, es posible pasar un buen rato en el puerto, aunque la violencia esté al tope; esto se logra con olvidar la vida nocturna y quedarse en el departamento haciendo un buen uso de la alberca y del mar.

El último día vimos un gran grupo de delfines brincar alegremente en las olas de la playa, algo que plantó una alegría en mi corazón, que durará por mucho tiempo.

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